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miércoles, 5 de febrero de 2020
MÚSICA Y TECNOLOGÍA: SOBRE LAS TRANSFORMACIONES DISCURSIVAS EN LA MÚSICA POPULAR CONTEMPORÁNEA. Joan-Elies ADELL
Ningún arte tradicional se ha visto tan afectado, tanto en su naturaleza como en sus medios de creación y de difusión, por la aparición de los nuevos medios masivos de comunicación y las tecnologías de grabación, de retransmisión y de síntesis sonora, como el de la música. Mi aportación en esta mesa redonda será la de preguntarse por las consecuencias de estos cambios. Si bien, desde un punto de vista histórico, esta vinculación entre música y tecnología ha existido siempre, ello no ha impedido que se difundiera la idea que las nuevas tecnologías constituyen una fuerte amenaza contra la verdadera naturaleza de la música, como consecuencia del tremendo impacto que las nuevas (y las no tan nuevas) tecnologías han tenido en el desarrollo de la práctica, en la difusión y en la recepción musicales, especialmente en el caso de la música popular contemporánea. Una de las preocupaciones centrales de la reflexión académica acerca de la popular music, en consecuencia, ha sido la de abordar el papel que han ocupado las nuevas tecnologías en los cambios discursivos que se han ido produciendo en la esfera de la música y de la industria musical. Esta preocupación surge al constatar que las relaciones entre la música y sus productores y receptores han sido modificadas a lo largo de estos últimos años de una manera evidente, desde la aparición de la electrónica, a una velocidad cada vez más vertiginosa. Se trata de cambios que han modificado las condiciones de circulación y de recepción de todo tipo de música. Si de manera más específica hablamos, además, de la música popular contemporánea y si tenemos en cuenta que la teoría y la práctica musical se encuentran en íntima relación, vinculadas por fuertes lazos de proximidad histórica, este impacto es aún más importante, ya que existe una dependencia casi total y mediatizada, a partes iguales, por lo tecnológico y lo económico.
La existencia de este vínculo ineludible entre música y tecnología no ha impedido, como decía, que el propio concepto de tecnología quedara afectado por todos aquellos prejuicios que ven en lo tecnológico una especie de fuerza que a la larga conduce a una amenaza constante de la autenticidad de las formas musicales. Por lo que respecta a la música popular contemporánea, la amenaza que representa la tecnología sigue poniendo en juego el debate en torno a la autenticidad o la sinceridad de la expresión musical, que descansa en aquel tópico que dice que cuantaa menos tecnología sea utilizada en una creación cultural, más honesta será y menores los riegos de manipulación y falsedad. Con lo cual la tecnología (y la música que se sirve de ella de forma explícita) acaba siendo acusada de falsa, adulterante, contaminante y perturbadora, dada su “natural” condición artificial. Tales acusaciones, como explica Keith Negus (1992: 28) no son particularmente nuevas. Se trata de los últimos episodios de una larga discusión, iniciada desde la crítica a la “cultura de masas” de los años 20 y 30, con Adorno al frente, donde se apuntaba que la tecnología de la reproducción mecánica iba a desembocar en una estandarización de los productos musicales y en una alienación de las auténticas fuentes de la música, que ha señalado que el uso de la tecnología en la música popular ha estado devaluando las relaciones musicales y alienando a los músicos tanto por parte de sus creaciones artísticas como por parte del público. Se trata, en definitiva, de posiciones que abogan por cierto purismo antitecnológico. En este sentido el conjunto de aparatos electrónicos que se utilizan para producir, distribuir y recibir música no deben ser considerados como simples medios técnicos a través de los cuales podemos experiencias musicales, sino que, más bien, nos obliga a pensar que la tecnología se ha convertido en un modo de producción y de consumo de la música popular contemporánea. A admitir, por lo tanto, que la tecnología es una condición previa a la hora de producir música, un elemento de extrema importancia en la definición sonora y estilística de la música y un catalizador del cambio musical, ya que si bien nos fijamos, cada nuevo desarrollo en la tecnología musical acaba provocando conflictos en los valores y en la estética musicales. Resulta cuanto menos sorprendente que aún persistan las opiniones antes indicadas, ya que, a lo largo de su historia, como ha demostrado Paul Théberge en su libro Any Sound You Can Imagine: Making Music/Consuming Technology de 1997, las invenciones de la industria de la música de mayor aceptación y aparición más exitosa en el mercado son aquéllas que conducen a la descentralización de la composición, la interpretación y la escucha de sobre las transformaciones discursivas en la música popular contemporánea la música. Las nuevas tecnologías, pues, no sólo contribuyen a la modificación de la música tradicional y en la creación de un nuevo tipo de música, sino que, a su vez, y de forma más importante, los diferentes usos de la tecnología reflejan, de manera clara, diferentes preferencias estéticas y culturales. Cualquiera de las tecnologías aplicadas a la música que se han ido incorporando a la producción, al almacenaje o a la difusión musical de los últimos años (del micrófono a los altavoces, de la cinta magnética a la tecnología de compresión de los archivos sonoros del MP3, de la guitarra eléctrica al sampler) son elementos absolutamente cruciales para entender el desarrollo de la música popular contemporánea. Desde la segunda mitad del siglo XX, las tecnologías de la grabación y de la reproducción sonora, y las industrias a ellas asociadas, se van convirtiendo en una condición sine qua non a la hora de entender la cultura musical occidental.
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